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EL MANIFIESTO HUMANISTA I PDF Imprimir E-Mail
viernes, 25 de noviembre de 2005

EL MANIFIESTO HUMANISTA I


"Este manifiesto es el producto del pensamiento de muchas mentes. Fue diseñado para representar un punto de vista en desarrollo, NO un nuevo credo. Si los individuos cuyas firmas aparecen en él hubiesen escrito manifestaciones individuales, habrían expresado las proposiciones en términos diferentes. La importancia de este documento es que más de treinta hombres han llegado a un acuerdo general en asuntos de vital importancia y que estos hombres indudablemente representan a un gran número de quienes están forjando una nueva filosofía utilizando la materia prima del mundo moderno"
Raymond B. Bragg (1933)

El tiempo ha llegado para que cambios radicales en las creencias religiosas sean reconocidos ampliamente en el mundo moderno. El tiempo ha pasado para la simple revisión de las actitudes tradicionales. El cambio científico y económico han fracturado las viejas creencias. Todas las religiones del mundo se encuentran en la necesidad de llegar a un entendimiento con las nuevas condiciones creadas por experiencias y conocimientos que han aumentado abrumadoramente. Ahora en cada campo de la actividad humana, el movimiento vital va en dirección de un humanismo sincero y explícito. Para que el humanismo religioso sea mejor comprendido, nosotros, los signatarios de este manifiesto, deseamos hacer ciertas afirmaciones las cuales creemos que son demostradas por los hechos de nuestra vida contemporánea.

Existe un gran peligro de una identificación final, y según creemos fatal, de la palabra religión con doctrinas y métodos que han perdido su significado y que son impotentes para resolver los problemas de la vida humana en el siglo veinte. Las religiones han sido siempre métodos para alcanzar los más altos valores de la vida. Su fin se ha logrado a traves de la interpretación de la situación global (teología o análisis global), la sensación de valores resultante (meta o ideal), y la técnica (culto), establecidas para alcanzar una vida satisfactoria. Un cambio en cualquiera de estos factores tiene por resultado la alteración de las formas visibles de la religión. Este hecho explica la variabilidad de las religiones a través de los siglos. Pero a través de todos esos cambios la religión en sí misma se mantiene constante en su búsqueda de valores permanentes, un rasgo inseparable de la vida humana.

El mayor entendimiento del universo que tiene el hombre en la actualidad, sus logros científicos, y su apreciación más profunda de la fraternidad, han creado una situación que requiere un nuevo planteamiento de los propósitos y los métodos de la religión. Una religión de tal vitalidad, valentía y franqueza, capaz de lograr metas sociales adecuadas y satisfacciones personales, podría parecerle a muchos un completo rompimiento con el pasado. Aunque esta era tiene una gran deuda con las religiones tradicionales, es obvio que cualquier religión que tenga la esperanza de ser una fuerza dinámica y unificadora para el presente tiene que estar conformada según las necesidades actuales. Establecer esa religión es hoy una necesidad primordial. Y es una responsabilidad que recae en esta generación, por lo tanto afirmamos lo siguiente:

PRIMERO: Los humanistas religiosos consideran que el universo existe por sí mismo y que no fue creado.

SEGUNDO: El humanismo cree que el hombre es una parte de la naturaleza y que ha surgido como resultado de un proceso continuo.

TERCERO: Al tener un punto de vista orgánico de la vida, los humanistas consideran que el tradicional dualismo de mente y cuerpo debe ser rechazado.

CUARTO: El humanismo reconoce que la civilización y cultura religiosa del hombre, como han sido descritas con claridad por la antropología y la historia, son el producto de un desarrollo gradual provocado por la interacción con su medio natural y con su herencia social. El individuo que nace en una cultura particular es en gran medida moldeado por esa cultura.

QUINTO: El humanismo afirma que la naturaleza del universo planteada por la ciencia moderna hace inaceptable cualquier garantía cósmica o sobrenatural de los valores humanos. El humanismo obviamente, no niega la posibilidad de realidades aún por descubrirse, pero insiste en que la forma de determinar la existencia y valor de cualquier realidad es por medio de la investigación inteligente y por la evaluación de sus relaciones con las necesidades humanas. La religión debe formular sus planes y expectativas a la luz del método y espíritu científico.

SEXTO: Estamos convencidos que ya pasó el tiempo para el teísmo, deísmo, modernismo y las muchas variedades de "nuevo pensamiento".

SÉPTIMO: La religión consiste de aquellas acciones, propósitos y experiencias que son religiosas. Incluyendo el trabajo, el arte, la ciencia, la filosofía, el amor, la amistad, el recreo -todo lo que en su medida sea expresión de una vida humana inteligentemente satisfactoria. La distinción entre lo sagrado y lo seglar ya no puede mantenerse.

OCTAVO: El humanismo religioso considera que la plena realización de la personalidad humana, es el objeto de la vida del hombre y busca su desarrollo y satisfacción aquí y ahora . Esto explica la pasión social del humanista.

NOVENO: En lugar de las viejas actitudes relacionadas con la oración y el culto el humanismo expresa sus emociones religiosas a través de un sentido elevado de la vida personal y de un esfuerzo cooperativo para promover el bienestar social.

DÉCIMO: Por lo tanto no habrá emociones o actitudes religiosas únicas, del tipo que se asocian con la creencia en lo sobrenatural.

UNDÉCIMO: El hombre aprendera a enfrentar las crisis de la vida en términos de su conocimiento, naturaleza y probabilidad. Actitudes razonables y enérgicas serán fomentadas por la educación y apoyadas por la costumbre. Asumimos que el humanismo tomará la ruta de la higiene mental y social y se opondrá a las esperanzas sentimentales, irreales y al anhelo por espejismos.

DÉCIMO SEGUNDO: Al crear que la religión debe trabajar cada vez más por el disfrute de la vida, los humanistas religiosos desean alimentar la creatividad en el hombre y alentar los logros que aumentan las satisfacciones de la vida.

DÉCIMO TERCERO: El humanismo religioso sostiene que todas las asociaciones e instituciones existen para la satisfacción de la vida humana. La evaluación, transformación, control y dirección inteligentes de tales asociaciones e instituciones desde una perspectiva de mejoramiento de la vida humana es el propósito y el programa del humanismo. Con seguridad las instituciones religiosas, sus formulas rituales, métodos eclesiásticos, y actividades comunales tienen que reconstituirse tan rápidamente como lo permita la experiencia, de manera que puedan funcionar efectivamente en el mundo moderno.

DÉCIMO CUARTO: Los humanistas están firmemente convencidos que la sociedad consumista y motivada por el lucro que existe actualmente ha demostrado ser inadecuada y que tiene que lograrse un cambio radical en sus métodos, controles y motivaciones. Un orden económico cooperativo y socializado tiene que establecerse para que una distribución equitativa de los medios de subsistencia sea posible. La meta del humanismo es una sociedad libre y universal en la cual las personas de manera voluntaria e inteligente cooperan para el bien común. Los humanistas exigen una vida compartida en un mundo compartido.

DÉCIMO QUINTO Y ÚLTIMO: Mantenemos que el humanismo: (a) afirmará la vida antes que negarla; (b) buscará aprovechar las posibilidades de la vida, no escapar de ellas; y (c) se dedicará a establecer las condiciones de una vida satisfactoria para todos, no únicamente para unos pocos. Esta moral e intención positivas guiarán al humanismo, desde esta perspectiva fluirán las técnicas y esfuerzos del humanismo.

Estas son las tésis del humanismo. Aunque consideramos que las formulas e ideas religiosas de nuestros padres ya no son adecuadas, la búsqueda de una vida buena sigue siendo el cometido central de la humanidad. Por fin el hombre se hace consciente que solo él es responsable por la consecución del mundo de sus sueños, que el tiene en su interior el poder para lograrlo. Él debe disponer su inteligencia y voluntad para la tarea.

[NOTA DEL EDITOR: Hubo 34 signatarios de este documento, incluyendo a Anton J. Carlson, John Dewey, John H. Dietrich, R. lester Mondale, Charles Francis Potter, Curtis W. Reese, y Edwin H. Wilson.]

[NOTA: El manifiesto humanista I fue seguido en 1973 por El Manifiesto Humanista II y en 1980 por la Declaración Secular Humanista.]