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Los partidos políticos podrían desaparecer PDF Imprimir E-Mail
miércoles, 01 de febrero de 2006
Los partidos políticos podrían desaparecer
Fernando Henrique Cardoso (Presidente de Brasil entre 1995 y 2003 y actualmente preside el Club de Madrid.)

Suele darse por sentado que los partidos son cruciales para la vida política moderna. Constituyen la base del sistema democrático representativo desde fines del siglo XIX. Sin embargo, sus perspectivas en las grandes democracias de hoy no son halagueñas. Es más, es posible que esas poderosas máquinas políticas desaparezcan pronto.
 
La tierra bajo sus pies ya se está moviendo. Los partidos han fundado sus programas en divisiones ideológicas y de status que cada vez son menos importantes. Aunque la conciencia de clase sigue contando, las identidades étnicas, religiosas y sexuales tienen ya prioridad y representan afiliaciones que recorren de forma transversal los límites entre los partidos tradicionales. Las etiquetas de izquierda y derecha significan cada vez menos. Los ciudadanos tienen múltiples intereses, distintos sentimientos de pertenencia e identidades superpuestas. Algunas formaciones políticas han conseguido adaptarse. Por ejemplo, el Partido Laborista británico, al mando del primer ministro, Tony Blair, o el Partido de los Trabajadores de Brasil, cuya orientación económica tiene muy poco que ver con sus orígenes sindicalistas.

Desplazamiento

Otros no serán tan afortunados. Existe un desplazamiento político unido a una fatiga creciente respecto de las formas tradicionales de representación. La gente ya no confía en los dirigentes políticos. Quieren más voz en los asuntos públicos y prefieren expresar sus intereses de manera directa o a través de grupos de presión y las ONG. Por ejemplo, el debate sobre los alimentos genéticamente modificados en Europa no se entiende sin hacer referencia a organizaciones como Greenpeace. Y, gracias a las comunicaciones modernas, los grupos cívicos pueden prescindir de los partidos para influir en la política. Estos ya no tienen el monopolio de la legitimidad.

Votar sigue siendo fundamental, pero para ello no hacen falta estas organizaciones. Es más, cuanto más importante es el tema, más probabilidades hay de que gobiernos de lugares tan distintos como Suiza, Bolivia y California busquen la legitimidad a través de referendos. El rechazo a la Constitución Europea en Francia y los Países Bajos demuestra que los grandes partidos, muchas veces, tienen escasa capacidad de maniobra cuando se plantea un asunto directamente a la gente. Se encuentran en una coyuntura crítica: tienen que transformarse o se volverán irrelevantes. Para sobrevivir, deben elaborar agendas flexibles que no dependan de las tradicionales divisiones ideológicas y de clase. Necesitarán volver a capturar la imaginación del público. Y tendrán que aceptar que otros también merecen un sitio en la mesa política.
 
 Foreign Policy Magazine,LA NACION, Buenos Aires, enero 11 de 2006.
 
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