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El
Arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno quiere situarse por encima de la Ley.
Desea que el Círculo Católico no acate la Ley
de Salud Sexual y Reproductiva.
La ofensiva clerical contra la laicidad está ahora
instalada en todos los frentes.
Además de criticar desde las oficinas vaticanas el
otorgamiento del Premio Nóbel de Medicina a Robert Edwards, creador de las
técnicas de fecundación in vitro, y, en nuestro país, protagonizando durante
años una feroz oposición confesional a una ley que regule la reproducción
asistida, ahora le tocó el turno a la actual Ley de Salud Sexual y Reproductiva, cuya
Reglamentación por parte del Ministerio de Salud Pública está siendo impugnada
por las instituciones católicas uruguayas.
Efectivamente, según la prensa de nuestra capital, esta
Ley es rechazada por la
Iglesia Católica, y consiguientemente, el Sr. Arzobispo de
Montevideo Nicolás Cotugno, está reuniendo la Comisión Eclesial
de Ética y Bioética para evaluar como recurrir el decreto que reglamenta la
misma.
Cotugno, que es presidente honorario de la mutualista Círculo
Católico, pretende que este centro se sitúe fuera de la ley,
en por lo menos dos aspectos sustanciales estipulados por la misma: la entrega
de anticonceptivos a sus socias y la instalación de servicios de salud que
asesoren sobre anticoncepción, sexualidad, colocación de dispositivos
intrauterinos, o embarazos no deseados. La obligatoriedad de la aplicabilidad
de la ley, según Cotugno, "estaría diciendo que el Estado puede obligar
a las instituciones que han sido fundadas sobre valores radicalmente
respetuosos de la vida humana a que traicionen esos mismos valores, sin
importar el sentir de sus fundadores, directivos y asociados".
La iglesia católica uruguaya con Nicolás Cotugno a su
frente, está impulsando que el Círculo Católico, entidad privada supuestamente
dedicada a la salud pública, siguiendo las directivas de las autoridades
católicas, se niegue a cumplir con una disposición del Ministerio de Salud
Pública uruguayo, que estipula que los centros asistenciales de las entidades
de salud integrantes (es decir, subvencionadas) de la Junta Nacional de
Salud (JUNASA) deben brindar esas prestaciones a las mujeres afiliadas al
Sistema Nacional de Salud.
De esta manera, la
religión católica no solo desea situarse por encima del Bien General de la Nación,
no sólo está desafiando al Estado, sino que además se considera apta para
implementar políticas de salud. ¿Quién se sitúa impunemente por encima de
la vida y de la muerte? Este es un desafío directo al Estado y a sus potestades
legítimas de implementar políticas públicas para el conjunto de la población,
independientemente de sus creencias y convicciones particulares.
Imaginemos un momento que pasaría si la Iglesia se negara
en sus instituciones educativas a aplicar los programas nacionales de
educación, y enseñara solo aquello que fuera favorable a su visión del mundo.
¿Enseñaría la genética, la astronomía, las leyes de la evolución? Si la
Arquidiócesis de Montevideo y el Círculo Católico u otras instituciones
confesionales se salen con la suya, este escenario - que de maneras
subrepticias tal vez ya estaría presentándose en la enseñanza privada católica
- podría ser perfectamente legitimado y aplicado en lo inmediato.
Pero más grave aun, cada entidad vinculada de cerca o de
lejos a algunas de las múltiples comunidades de sentimientos o pensamiento,
tendría sus prerrogativas de hacer - del mismo modo - lo que le parezca mejor.
De esta manera, nuestra comunidad se fragmentaría de una muy peligrosa manera,
poniendo en serios riesgo nuestras formas de convivencia democráticas
republicanas basadas en el interés general. ¿Esto es lo que desean nuestras
autoridades políticas?
La Iglesia no sólo desafía al Estado, sino que intenta hacer
retroceder nuestra sociedad a las peores épocas oscurantistas. Hay antecedentes
a no olvidar: en 1992, el entonces Ministro de Defensa Nacional, Mariano Brito,
perteneciente al Opus Dei, interrumpió el servicio de Reproducción Asistida en
el Hospital Militar, por estar en desacuerdo con las técnicas de fecundación
artificial. Y esto no fue un hecho menor, sino que nos hizo retroceder en años
de investigación nacional y en esperanzas de centenas de parejas con
dificultades de pro-creación.
El Estado, el Ministerio de Salud Pública, el Ministro
Daniel Olesker, ¿va a aceptar este verdadera "mojada de oreja" clerical?
Las alternativas
son claras: o el Círculo Católico acata la disposición del Ministerio de Salud Pública,
o que el Círculo Católico salga del Sistema Nacional de Salud y deje de recibir
subvenciones del Estado, que se hace con el dinero aportado por todos los
contribuyentes de todas las creencias o formas de pensar.
No se debe permitir que el fundamentalismo católico tome
el paso sobre la marcha de nuestra sociedad.
Defender la
laicidad es un imperativo del momento!!!.
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